El año 2000 se presento ante mí, una paciente aquejada por un dolor lumbo ciático. Con las terapias término la desviación notoria de la pelvis, después de algunos meses de tratamiento me dijo que ella debía ser operada de quistes en uno de los ovarios y por los dolores de espalda decidió tratarse primero la columna. Al cabo de un tiempo a través de los exámenes médicos descubrió con asombro al igual que el cirujano, que los quistes ya no existían.