En 1999 vino a mi consultorio una señora acompañando a su hija de diecinueve años la cual presentaba una escoliosis de segundo grado, algo muy común. Después de siete sesiones de tratamiento me comentan de que la joven sufrió durante muchos años de gastritis de difícil control y que su asombro fue grande, cuando al cabo de las primeras sesiones en mi consultorio los síntomas empezaban a desaparecer. Asimismo, luego de más de veinte sesiones la escoliosis se corrigió notoriamente y la gastritis había desaparecido.